lunes, 23 de enero de 2012

Agallas del rosal.

Se suelen ver prácticamente durante todo el año. A partir del verano es cuando más llamativas se encuentran, en otoño e invierno pierden vistosidad. Me refiero a las agallas de los rosales silvestres. Estos rosales (rosa canina por ejemplo) son fáciles de ver, en ocasiones en cercados, como me ha ocurrido este domingo. Quizás alguien, a lo igual que las de roble, las confunda con un fruto. Pero no, es la morada, más bien la "incubadora" de determinados insectos.

En verano presentan esta imagen.



Y a medida que se acerca el otoño y llega el invierno, esta otra.



La historia es la siguiente.




Existe un insecto, una avispa, de la familia de las Cynypidea (con unas 360 especies en europa) que son las que se encarga de crear las agallas del rosal o berdegars.

Estas agallas las produce el rosal una vez que la avispa hembra desposita los huevos en el rosal. Estas avispas no tienen aguijón, en su lugar se encuentra un órgano ovipositor que se va a encargar de depositar los huevos, en este caso con la facultad de poder penetrar en el tejido del rosal.



Este, no se sabe aún el mecanismo, reacciona ante el líquido que junto con los huevos se depositan. Se cree que puede ser una reacción química o vírica. El caso es que el rosal reacciona creando el tejido que envuelve a los huevos. Las larvas se alimentarán de ese tejido al mismo tiempo que brinda protección frente a los agentes externos: bien atmosféricos, bien depredadores.

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Si esto se desarrolla durante la primavera-verano, cuando llega el invierno la agalla comienza a deteriorase. Pero encontrándonos en esta estación el salir al exterior provocaría la muerte de la avispa, de suerte que esta se queda (en fase) en el interior de la agallla hasta la llegada de la primavera. Y así vuelta a empezar el ciclo.



Si bien estas especies son capaces de crear agallas, hay otras que no pueden formarlas, pero se instalan en la agalla creada alimentándose de la misma y recibiendo igual protección.

Esta ha sido la historia de la avispa Diplolepis rosae.

También existen más variedades de agallas, unas pocas más:

En esta hoja de sauce y nogal respectivamente, provocada por ácaros.





Esta otra es de roble provocada por la avispa Cynips quercusfolli.



Esta agalla se utiliza como curtiente por los altos taninos que contiene. La de la rosa, espero que en esta ocasión no se así, como somnífera.


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5 comentarios:

  1. Aupa Alberto, un post muy muy interesante. En alguna ocasión había leído un buen artículo en la Revista "Natura" sobre las agallas.

    Como siempre un placer leerte.
    Cuidate, nos vemos.

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  2. Veo que cada arbol tiene su agalla con su insecto asociado. Interesante.

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  3. Gotzon, Patxutxin, me alegra que os sea interesante.

    Un abrazo.

    Alberto.

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  4. José González Fernández26 de diciembre de 2012, 22:24

    Me encanta tu blog, con tanta variedad de temas. Siempre aprendo algo cuando lo visito. Las agallas de la "Rosa canina", pensé que era otra cosa;
    resulta que es una gran casa-refugio de insectos. ¡Muy curioso!
    Saludos.
    José González

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  5. Gracias José por la visita y el comentario. Si la hubiese abierto se verían a los "inquilinos".
    Un saludo y feliz año nuevo.

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